Evangelio martes 7 de julio

Evangelio Mateo 9, 32-38: En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. 33 El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: «Jamás se vio nada igual en Israel». 34 Pero los fariseos decían: «Él expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios». 35 Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. 36 Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. 38 Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha».

Contemplemos a aquellas personas cercanas que están decaídas, desanimadas, tristes y alejadas de Dios … amando menos … perdonando poco … solas … Allí el demonio puede hacer fácilmente su trabajo … Están centradas en ellas mismas, desconfiando de todo y de todos …  ¿Quiénes son?… ¿Cómo se llaman?  … ¿Cómo expresamos nuestra compasión por ellas?… ¿qué podemos hacer por esas personas? … El Señor necesita trabajadores para la cosecha. ¿Cómo nos podemos preparar para esa misión? … ¿qué querrá Dios de nosotros para ellas?

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