Evangelio jueves 30 de julio

Evangelio Mateo 13, 47-53: 47 El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. 48 Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. 49 Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, 50 para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. 51 ¿Comprendieron todo esto?». «Sí», le respondieron. 52 Entonces agregó: «Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo». 53 Cuando Jesús terminó estas parábolas se alejó de allí 54 y, al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en su sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. «.

Jesús nos dirige ahora la pregunta a nosotros … ¿Han entendido lo que les estoy pidiendo en su vida? … ¿Han comprendido la diferencia entre actuar bien y actuar mal? … ¿Podemos reconocer entre  un pez bueno y uno malo? … Imaginemos ahora a Jesús enviándonos a ser como un dueño de casa … a amar y ayudar a nuestra familia, …  a nuestra gran familia … A extender el Reino que se nos ha confiado. ¿Cómo hacerlo?, … ¿qué dones hemos recibido para ello?… ¿que podemos sacar de  nuestro armario para servir? … ¿cuáles son nuestras fortalezas para esta misión? … ¿Cuáles son nuestras limitaciones? … ¿dónde están las distracciones que nos alejan de nuestra misión? … Las observamos … ¿qué necesitamos hacer para aprovechar nuestros dones y superar nuestras limitaciones?

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