Martes 06 de Abril

Evangelio de Juan 20. 11-18. 
11 María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro 12 y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. 13 Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». 14 Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. 15 Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». 16 Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!». 17 Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: «Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes»». 18 María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

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Contemplemos la escena… a María desconsolada, … su tristeza ante la ausencia de Jesús. … su desolación, lejos de su Señor. … cómo Jesús se hace visible ante ella… su rostro, su mirada llena de alegría. … el Señor está allí la llama por su nombre… y le da un encargo, le pide algo ….

Recordemos  aquellas  veces que nos hemos desolado en nuestras  vidas. … Cuando Jesús parecía no estar, o muy lejano. Cuando no entendíamos porqué nos pasaban ciertas cosas.  Recordemos también nuestros re encuentros. … Cuando Jesús nos ha llamado por nuestro  nombre. Cuando lo hemos sentido cerca … esa oración … ese retiro … esa jornada … esa experiencia especial en que le hemos sentido presente.  Recordemos nuestros sentimientos que llenaron nuestro corazón. Eran  similares a los de María Magdalena.  … Pasamos de la desolación a la consolación. De vivir con Dios muerto a tenerlo allí presente, resucitado. … Damos gracias al Señor por ayudarnos a salir de la desolación … por aparecerse en nuestras vidas … Jesús le dio un encargo personal a María que tenía que ver con el resto … ¿qué sentimos nos pudiera pedir a nosotros?  … ¿a quienes contarles que Jesús resucitado quiere también aparecerse en sus vidas? … Pensemos en nuestros seres queridos, en quienes son conocidos nuestros, en quienes necesitan comprobar que hay una Buena Noticia que les alegrará sus vidas .. ¿quiénes? … ¿con quienes Jesús se querrá juntar y aparecerse resucitado en sus vidas?

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Señor Dios nuestro:
Lleva a la perfección en nosotros
lo que, con tu beneplácito,
Jesús ha comenzado en nosotros.
Que él nos muestre lo que tenemos que hacer,
que siga convirtiéndonos a sus actitudes
de paciente servicio y profundo amor.
Que él infunda su nueva vida en nosotros
Y se siente a la mesa con nosotros,
sus discípulos de hoy.
Concédenoslo por medio del mismo
Jesucristo, nuestro Señor. AMÉN.

Autor entrada: Mónica Pacheco Guzmán