Miércoles 14 de abril

Evangelio de Juan 3. 16-21
16 Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 19 En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. 20 Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. 21 En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios». 

Meditemos sobre este texto. ¿Qué sentimos ante el amor de un Padre que nos quiere tanto que nos envía a Jesús, su Hijo, ¿para que creamos en la vida eterna? … Meditemos sobre esta imagen de Jesús que es más abogado nuestro que juez. … ¿Qué sentimos? … Repasemos lo que hacemos por la vida, nuestras obras, las buenas y las malas. Las que son luminosas y las que son tenebrosas. Le presentamos hoy al Señor nuestras obras, … nuestra vida dedicada a extender el Reino. Le pedimos ser parte de su equipo…. le pedimos poder identificar nuestras acciones como hechas por Dios. …  Repasémoslas nuevamente… ¿Están iluminadas por el evangelio? … ¿Cómo se da eso? … ¿Cómo podemos probar que nuestra vida es manifestación de la Buena Noticia de Jesús?