Miércoles 21 de abril

Evangelio de Juan 6,35-40
35 Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. 36 Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. 37 Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, 38 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió. 39 La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. 40 Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día».

Reflexionemos sobre estas palabras de Jesús … Somos del grupo de Jesús … Creyendo en El tendremos vida eterna … Aunque muramos nos hará resucitar … ¿Qué sentimos? … 

¿Qué quería decir cuando afirmó que él es el «pan de vida»?

En primer lugar, el pan nos habla del sustento necesario para la vida, aquello que es esencial e imprescindible para todo ser humano.

Y en segundo lugar, tener pan no aplaca nuestra hambre, es necesario comerlo para que realmente tenga efecto en nosotros, y cuando lo comemos, el pan llega a formar parte de nosotros mismos.

De la misma manera, cuando Cristo se nos ofrece como «el pan de vida», es necesario creer en él para apropiarnos de esa vida, estableciendo así un grado de intimidad y de unión que es imposible romper.

Autor entrada: Mónica Pacheco Guzmán

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