Jueves 3 de junio de 2021. San Carlos Lwanga

Evangelio de Marcos 12. 28-34   
28 Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?». 29 Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; 30 y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. 31 El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos». 32 El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, 33 y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios». 34 Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

¿Con qué fuerza amamos a Dios? … ¿Cómo se nota que nuestro corazón está consagrado a ese amor? … ¿Cuándo hemos puesto otras prioridades sobre el amor a Dios? … ¿En qué se nos nota cuando el amor es hacia nosotros mismos? … ¿Cómo expresamos nuestro amor hacia nuestros hermanos y hermanas? … ¿quiénes? … ¿a quiénes amamos más? … ¿ a quiénes amamos menos? … ¿Los amamos más o menos que a nosotros mismos?  … ¿Cómo se nota eso?

La planificación es el conocimiento que precede y que preside a la acción -  Facultad de Arquitectura y Urbanismo - Universidad de Chile
Carlos Lwanga (1861 – 1886). Nació en Buddu, Uganda. Por su inteligencia, porte atlético, fue el jefe de los pajes en la corte real, había sido bautizado en 1884 por san José Mukasa. Por ser favorecido por el rey Mwanga, llegó a ser un líder de la comunidad y así tuvo la oportunidad de instruir en la fe a varios jóvenes que servían al rey. El testimonio de ellos y otros cristianos ganó en un principio la simpatía del rey y luego de su hijo; pero más adelante cambiaron de opinión, porque estos no estaban de acuerdo ni con el negocio de la venta de esclavos ni con sus prácticas sexuales. Debido a ello, el rey empezó una campaña para que los recién convertidos renunciaran a su fe. Después de una masacre de anglicanos en 1885, el hoy San José Mukasa, reprochó al rey su acción. Para callarlo, Mwanga mandó decapitarlo, e hizo detener a todos sus seguidores. 
Esto le costó la vida a Carlos Lwanga y a los otros, jóvenes, que estaban con él. Fueron quemados vivos el 3 de junio de 1886. Murieron proclamando el nombre de Jesús y diciendo: “Pueden quemar nuestros cuerpos pero no pueden dañar nuestras almas”.
Carlos Lwanga y compañeros mártires - Hogar de la Madre
Carlos Lwanga y compañeros mártires.

Autor entrada: Mónica Pacheco Guzmán

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