Miércoles 23 de junio de 2021. San José Cafasso

Evangelio de San Mateo 7, 15-20 
15 Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? 17 Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. 18 Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos. 19 Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. 20 Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán..

Identifiquemos a quienes han querido ofrecernos una vida espiritual distinta a la del evangelio de Jesús. … Tanta oferta de meditación, relajación, interioridad … ¿Cómo es su mensaje? ¿Cuánto de amor, de perdón y de servicio a los otros hay allí? …  ¿Cómo son sus obras? … ¿Son consecuentes con lo que predican?  … Y nosotros … ¿podríamos ser considerados falsos profetas? Recorramos nuestra vida diaria …¿En qué momento nuestra fe y nuestras obras se contradicen? … Contemplemos la brecha que hay entre el mensaje del evangelio y nuestra vida. … ¿Qué nos falta de lo que nos pide Jesús? … ¿Por dónde podemos partir corrigiendo? … Lo conversamos con el Señor… y nos ponemos en camino… Por nuestras obras nos reconocerán.

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San José Cafasso - ACI Prensa
José María Cafasso (en italiano, Giuseppe María Cafasso) (Castelnuovo de Asti, 15 de enero de 1811 – Turín, 23 de junio de 1860), sacerdote católico piamontés. Destacó como confesor de San Juan Bosco y otros sacerdotes salesianos y diocesanos.
El Padre Cafasso se conoce por su entrega a su ministerio sacerdotal y por su amor a la Eucaristía, como también, por su defensa de los presos condenados a muerte, a quienes le tocó administrar la Santa Comunión, antes de sus ejecuciones en la cárcel de Turín, de la cual fue capellán.
Desde pequeñito fue devotísimo de la Virgen. Cuando hablaba de la Madre de Dios se notaba en él un entusiasmo extraordinario. Un día en un sermón exclamó: «qué bello morir un día sábado, día de la Virgen, para ser llevados por Ella al cielo». Y así le sucedió: murió el sábado 23 de junio de 1860.
Antes de morir escribió esta estrofa: «No será muerte sino un dulce sueño para ti, alma mía, si al morir te asiste Jesús, y te recibe la Virgen María». Y seguramente así le sucedió en realidad.
Murió en Turín en 1860, a la edad de 49 años, víctima de una larga enfermedad. Su discípulo Juan Bosco ofició sus funerales.
Fue canonizado por el Papa Pío XII el 22 de junio de 1947.

Autor entrada: Mónica Pacheco Guzmán