A propósito de la conmemoración del nacimiento de nuestra querida fundadora, Ana María Martel (11 de agosto de 1644 – 2026), realizamos un viaje en el tiempo para conversar con ella. En un diálogo cercano y profundo, el Director de nuestro colegio, Sr. Óscar Bórquez, le consulta sobre la vida, la fe, el trabajo con las obreras de la puntilla y los desafíos para nuestro querido Colegio Niño Jesús de Lota. ¡Te invitamos a leer y compartir este emotivo encuentro, que nos traslada en nuestra máquina del tiempo!

El llamado y la chispa fundacional

Director Óscar Bórquez: ¡Señorita Ana María, qué alegría tan grande tener esta conversación fraterna con usted! En nuestra comunidad de Lota celebramos su vida con gratitud. Para nuestros estudiantes que hoy la descubren: ¿cómo comenzó este fuego en su corazón a los 21 años?

Ana María Martel: ¡El gozo es mío, don Óscar, y mi saludo con profundo afecto a toda la familia del Colegio Niño Jesús! Verás, todo comenzó con una certeza muy sencilla: “El Señor me llama, mis hermanos me necesitan”. A los 21 años, mi confesor me pidió visitar a las personas enfermas y pobres en el Hospital de L’Aiguilhe y enseñar el catecismo en el barrio marginal de San Lorenzo. Yo venía de una familia con comodidades —mi padre era procurador del Rey—, pero entendí que la verdadera alegría no está en los privilegios, sino en dejar que el amor de Dios se encarne en la vida diaria.

Dignidad, trabajo y las «puntilleras»

Director Óscar Bórquez: Un hito maravilloso de su misión fue el trabajo con las jóvenes obreras de la puntilla en Le Puy. En Lota, con nuestra rica historia minera y de esfuerzo familiar, este gesto resuena muy fuerte. ¿Qué buscaba al acercarse a ellas?

Ana María Martel: Buscaba devolverles la dignidad. Muchas jóvenes venían del campo a la ciudad buscando un futuro, pero eran explotadas y malpagadas por los comerciantes. Junto a mis compañeras, no solo nos sentamos a enseñarles la fe, sino que las ayudamos a organizarse en el trabajo, a hacerse respetar e incluso salíamos con ellas a vender sus encajes para que recibieran un precio justo. La fe nunca está separada de la justicia social; anunciar el Evangelio es también defender la dignidad humana.

Educación, Catequesis y la Familia

Director Óscar Bórquez: Usted definió la misión de la Congregación bajo una gran consigna: “Despertar y profundizar la fe”. ¿Cómo se logra esto hoy en la formación de hombres y mujeres desde la escuela y la familia?

Ana María Martel: Se logra educando con la vida antes que con las palabras. Enseñar lo que antes ya nos han visto practicar. Educar a niños, jóvenes y familias es ayudarles a descubrir que Dios habita en medio de nosotros (el Misterio de la Encarnación). La educación católica debe formar el corazón para la libertad responsable, la solidaridad y el servicio. Cuando una familia reza junta y cultiva la sencillez, en esa casa nace y crece el Niño Jesús.

Desafíos para Chile y nuestro querido Lota

Director Óscar Bórquez: Lota es una tierra de carbón, historia, lucha y mucha fe, pero también enfrentamos hoy dolores, cesantía y desafíos socioemocionales. Desde su mirada, ¿dónde debemos poner la esperanza?

Ana María Martel: Lota tiene un alma noble y trabajadora. Dios no es ajeno al dolor de las familias que sufren por la falta de trabajo o por la fragilidad social. El desafío para Chile y para Lota es no dejar que la indiferencia ni el desaliento ganen la batalla. Debemos ser «puerto de refugio» y «luz en la oscuridad». La educación es la herramienta de liberación y promoción humana más valiosa; por eso nuestro colegio debe ser siempre un lugar donde los niños se sientan amados, seguros y valorados en su infinita dignidad.

Un mensaje para la Comunidad Educativa del Colegio Niño Jesús

Director Óscar Bórquez: Ana María, este 11 de agosto celebramos su natalicio. ¿Qué esperaría usted hoy de nuestros estudiantes, profesores, asistentes de la educación y apoderados?

 Ana María Martel:

  • A los estudiantes: Que no tengan miedo de soñar en grande. Sean generosos, respetuosos y recuerden que cada uno tiene una misión única en este mundo.
  • A los profesores y asistentes: Que recuerden que «todos somos formadores». No enseñen solo contenidos; formen personas con amor, paciencia y fe.
  • A las familias y apoderados: Que caminen junto al colegio, cuidando el tesoro más grande que Dios les ha confiado: sus hijos.
  • A toda la comunidad: Que nunca olviden nuestra divisa: “Gloria a Dios, paz a los hombres”. ¡Hagan que Cristo viva en sus corazones!

Director Óscar Bórquez:  ¿Qué le diría a los niños de nuestro colegio que actualmente se están preparando para su primera comunión?

Ana María Martel:  A ellos, con mucho cariño les digo que Jesús les está haciendo una invitación maravillosa: quiere vivir en el corazón de cada uno de ustedes. Yo tuve la gracia de descubrir desde muy joven la alegría inmensa de ser amiga de Jesús y de servir a los demás, hoy ustedes están preparando el ‘pesebre’ de su corazón para recibir la luz de la Eucaristía.

Hacer la Primera Comunión no es solo cumplir con una etapa o usar una ropa bonita; es abrazar al amigo más fiel, a Jesús, que se hace Pan de Vida para acompañarlos en la sala de clases, en sus juegos, con sus familias y sus amigos. Él viene a decirles que son profundamente amados y que cada uno tiene una misión especial en el mundo.

Los invito a rezar con frecuencia en su corazón esta oración que me ayudó mucho: ‘¡Oh Jesús que vives en María, ven y vive en nosotros!’. Prepárense con alegría, sencillez y mucho entusiasmo. ¡Todo el colegio reza por ustedes y celebra este gran paso de fe!”

Director Óscar Bórquez: ¡Muchas gracias, Sierva de Dios Ana María Martel, por su legado que sigue más vivo que nunca en Lota!